NUEVA YORK — El miércoles, Aaron Boone le entregó a Camilo Doval un partido empatado en la 11.ª entrada y le pidió que mantuviera a raya a los Yankees frente a los Tigers. El lanzador diestro lanzó 21 lanzamientos, de los cuales solo 10 fueron strikes, concedió tres bases por bolas y encajó cuatro carreras, dos de ellas limpias.
La derrota por 6-2 en el Yankee Stadium alargó la racha de derrotas de los Yankees a siete partidos, como parte de una mala racha que le ha costado al equipo 11 de sus últimos 14 partidos y le ha hecho perder el control de la lucha por el título de la División Este de la Liga Americana; además, la culpa de la derrota recayó sobre Doval, que ya ha fallado tres salvamentos en 37 apariciones esta temporada.
Un mal partido no define a un relevista. La temporada de Doval ha seguido un patrón. Tiene una efectividad de 4,96 y un WHIP de 1,26, con 32 ponches y 10 bases por bolas, según Empire Sports Media, en su primera temporada completa con los Yankees, y Boone sigue confiándole entradas decisivas de todos modos.
La frustración que rodea a los Yankees no se debe solo a los resultados. Se debe a lo familiares que parecen.
Casi todas las señales de alerta del perfil de Doval para 2026 ya se veían antes de que los Yankees lo ficharan: en su trayectoria en San Francisco, en el análisis que se publicó el mismo día del traspaso y en sus dos primeros meses con la camiseta a rayas el verano pasado.
Una apuesta que ya dio problemas el mismo día que se hizo
Los Yankees ficharon a Doval de los Giants en la última hora del plazo de traspasos de 2025, enviando al oeste a tres promesas, entre ellas el receptor y tercera base Jesús Rodríguez, según FanGraphs. El atractivo era evidente. Doval fue All-Star en 2023, lanzaba a más de 100 y tenía contrato con el club hasta 2027. Llegó en el mismo frenesí de las últimas tres horas del plazo que trajo a David Bednar desde Pittsburgh y a Jake Bird desde Colorado, una racha que, según FanGraphs, reconstruyó casi la mitad del bullpen de los Yankees en una sola tarde.
Enseguida saltaron las alarmas. Dan Szymborski, de FanGraphs, al analizar el traspaso el mismo día en que se produjo, elogió su repertorio, pero señaló precisamente el punto débil que salió a la luz el miércoles por la noche.
«Por muy bueno que sea, un cerrador al que se le da por conceder bases por bolas es una buena fuente de ansiedad relacionada con el béisbol», escribió Szymborski en agosto de 2025.
Los primeros resultados confirmaron el escepticismo. Doval registró una efectividad de 4,82 en 22 salidas con los Yankees en la recta final de la temporada pasada. Aun así, los Yankees empezaron 2026 con él como principal lanzador de preparación del cerrador David Bednar. Desde entonces, sus actuaciones le han hecho perder ese puesto.
La estadística que le acompañaba desde San Francisco

La señal de alarma más clara se refleja en una cifra. Doval solo está dejando en base al 58,8 % de los corredores que hereda o que pone en base esta temporada, una cifra que se sitúa entre las más bajas de la liga.
No es un problema nuevo. Incluso durante su temporada de 2023, en la que fue elegido para el All-Star con los Giants, Doval registró un porcentaje de corredores dejados en base del 65,6 %, por debajo de la media. Cuando se acumulan corredores, suelen llegar las carreras, lo que lo convierte en una opción peligrosa para los Yankees con un corredor automático en segunda base en las entradas extras.
Las estadísticas de fondo de este jugador de 28 años también han empeorado. Sus 8,8 strikeouts por cada nueve entradas son el mínimo de su carrera, y ya ha encajado cinco jonrones. Su control ha estado bien, con 2,8 bases por bolas por cada nueve entradas, pero el miércoles quedó claro lo rápido que se puede desmoronar una entrada y lo mucho que le cuesta eso a unos Yankees que ya no tienen margen de error.
Lo que importa no ha desaparecido. Lo que sí se ha esfumado es la confianza. El análisis posterior al partido sobre el colapso señaló que, una vez que un relevista empieza a regalar bases en las entradas extras, cada una de sus futuras salidas conlleva una sensación de riesgo cada vez mayor.
Un bullpen de nota B- con un puente roto
Lo curioso es que el bullpen de los Yankees ha rendido muy bien junto a Doval durante toda la temporada. El jueves, el equipo tenía una ERA de 3,19, la mejor marca de la Liga Americana y la segunda de la MLB, solo por detrás de la de Atlanta, con 2,72.
En un informe de mitad de temporada, al grupo todavía le ponían un notable bajo, y el motivo apuntaba directamente a las últimas entradas. El análisis reconocía el gran talento del bullpen y sus cifras difíciles de ignorar, aunque señalaba que el camino hasta Bednar debería ser más fluido.
Se suponía que Doval iba a ser esa solución. En cambio, los relevos de confianza de Boone son Fernando Cruz y Brent Headrick, mientras que Tim Hill está teniendo una temporada por debajo de lo habitual y Ryan Yarbrough y Paul Blackburn están desempeñando funciones de relevo largo en lugar de en situaciones de alta presión. Esa brecha entre las estadísticas generales del grupo y el inestable camino hacia la novena entrada es donde la temporada de Doval más ha perjudicado a los Yankees.
La falta de alternativas deja a los Yankees en una situación vulnerable
Los refuerzos internos escasean. El novato Yovanny Cruz ha permitido dos corredores en base y ninguna carrera en 4,1 entradas en tres salidas, llegando a lanzar a 100 mph, pero aún no ha pasado la prueba de fuego. El lanzador de la Triple A Carlos Lagrange, al que estaban reconvirtiendo en relevista precisamente para esto, entró el jueves en la lista de lesionados por un problema en el hombro, lo que cierra la vía más barata que tenían los Yankees para contar con un lanzador potente de la cantera.
Así que la fecha límite de traspasos del 3 de agosto se perfila como la solución más realista, y se espera que los Yankees busquen al menos uno o dos lanzadores de relevo antes de esa fecha.
Boone no ha anunciado ningún cambio en el papel de Doval. Los Yankees empiezan una serie contra los Twins en el Yankee Stadium este viernes, y el próximo partido reñido planteará la misma pregunta que el del miércoles: si el entrenador seguirá sacando a un relevista cuyo mayor defecto ya se sabía antes incluso de que se pusiera la camiseta de los Yankees.
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