WASHINGTON, D.C. — Ryan Weathers pasó la noche del viernes haciendo algo que los Yankees necesitaban urgentemente. Estaba manteniendo a raya a la ofensiva más anotadora del béisbol, limitándola a una sola carrera. Entonces llegó ese roletazo, y la noche se complicó más de lo necesario.
Una sencilla de rutina hacia la tercera base acabó en bases extra. Luego, otra jugada salió mal. Weathers, que ya lo estaba pasando mal, tuvo que arreglárselas con un daño que no tenía nada que ver con los lanzamientos que había hecho.
Los Yankees acabaron ganando por 5-3 a los Nationals en el Nationals Park , gracias a unos jonrones en los últimos compases de Jazz Chisholm Jr. y Austin Wells. Pero en el resumen del partido aparecía una línea ya conocida en la sección de defensa, que volvía a poner de manifiesto un problema que los Yankees no han conseguido resolver en toda la temporada.
La tercera base se ha convertido en un problema con dos caras, y ninguna de las dos es fácil de ocultar.
Dos errores y un lanzador al que le toca arreglar el lío
Amed Rosario cometió dos errores el viernes, uno al lanzar y otro al defender, según las estadísticas oficiales del partido. Ninguno de los dos supuso directamente una carrera, pero ambos alargaron las entradas y obligaron a Weathers a lanzar más bolas en un momento en el que el cuerpo de lanzadores de los Yankees es el que menos se puede permitir el lujo de desperdiciarlas.
El error más flagrante convirtió una rutina de roletazo a tercera en un triple: la pelota rebotó más allá de la primera base y se fue a territorio de falta junto a la valla del campo derecho. Rosario también se quedó en 0 de 2 con dos strikeouts antes de que el entrenador Aaron Boone lo sustituyera por un bateador suplente en la quinta entrada, una sustitución rápida que dejaba claro lo frustrado que estaba el equipo.
Weathers volvió a estar a la altura, limitando a Washington a una sola carrera en 5 1/3 entradas, en las que permitió seis hits y no concedió ninguna base por bolas. La defensa que tenía detrás no estuvo a la altura.
El problema no es nada nuevo. Rosario es un jugador polivalente de toda la vida, no un tercera base nato, y las estadísticas lo han acompañado durante años. Llegó a registrar -16 carreras defensivas salvadas en una racha con Cleveland, y una vez cometió tres errores en tres entradas cuando los Guardians lo probaron en el exterior. Este año, al tener que cubrir la tercera base todos los días, se le ha visto el punto débil.
El bate que le mantiene en la alineación
Lo que complica las cosas es que Rosario sabe batear, y esa es precisamente la razón por la que los Yankees siguen alineándolo. Llegaba al fin de semana con un promedio de bateo de .276 y un porcentaje de slugging de .436 en su etapa con Washington y Nueva York, y ha arrasado contra los lanzadores zurdos con un promedio de .302.
Esos números son reales, y en una alineación que pasó tres semanas siendo la peor ofensiva del béisbol, no es algo que los Yankees puedan pasar por alto sin más. Rosario es un compañero de equipo respetado y un bate realmente útil desde el banquillo o en un platoon, el tipo de papel para el que está hecho.
El problema es el cambio que los Yankees siguen haciendo para meter a ese bateador en el partido. Cada vez que juega de tercera base, se repite el tipo de noche que le tocó pasar a Weathers. Con un cuerpo de lanzadores que ha tenido dificultades durante todo el verano, una defensa que convierte las jugadas defensivas en corredores en base es un coste que el club nota al instante.
En resumen, la defensa de Rosario está contrarrestando en parte lo que aporta su bate. Los Yankees han estado dispuestos a aceptar esa ecuación, pero lo del viernes nos ha recordado lo estrecho que es el margen.

El guante de McMahon y un bate que ya no da de sí
La solución natural ya está en la plantilla. Ryan McMahon es un auténtico defensor en tercera base, el tipo de jugador que habría convertido los errores del viernes en outs rutinarios. Los Yankees lo ficharon de Colorado en el cierre del mercado del año pasado precisamente para aportar esa estabilidad.
Su bate no le ha acompañado. McMahon llegaba al fin de semana con un promedio de bateo de .210, ocho jonrones, 23 carreras impulsadas y un OPS que se mantenía en torno a .610, unas cifras que hacen difícil justificar su presencia como titular.
Sus dificultades contra los lanzadores zurdos son la parte más delicada del problema. Boone ha dejado en el banquillo varias veces a McMahon, que batea con la izquierda, cuando se enfrentaban a lanzadores zurdos, y esos días ha puesto a Rosario en tercera. En uno de los momentos más bajos de esta temporada, McMahon se quedó en 0 de 23 en una racha de partidos como titular y vio cómo su promedio se hundía hasta el 0,183, una mala racha lo bastante grave como para que se cuestionara su puesto de titular.
Así que a los Yankees les toca elegir entre una cosa u otra. McMahon les da el guante y les quita el bate. Rosario les da el bate y les quita el guante. Ninguno de los dos ha ofrecido las dos cosas, y la combinación que intenta encontrar un término medio deja un hueco, independientemente del nombre que figure en la alineación.
Una fecha límite que se acerca y el reloj no para
Esta posición se ha convertido, sin que casi nadie se haya dado cuenta, en una de las necesidades más evidentes de los Yankees de cara al cierre del mercado. Se ha hablado de que el club está interesado en un receptor diestro y en refuerzos para el bullpen, pero la posición de esquina del cuadro ha generado tanta frustración interna como las otras, aunque no haya acaparado tantos titulares.
La fecha límite de traspasos del 3 de agosto ofrece una vía para encontrar una solución más clara: un tercera base que sepa defender su posición y batee lo suficiente como para mantenerse en la alineación frente a cualquier lanzador. Hasta entonces, a Boone no le queda más remedio que ir probando combinaciones, con la esperanza de que el bate compense el guante algunas noches y el guante compense el bate otras.
Los Yankees están a cuatro partidos de Tampa Bay en la División Este de la Liga Americana y no pueden permitirse muchas más noches como la del viernes, cuando una buena salida del lanzador estuvo a punto de echarse a perder por culpa de su propia defensa. Al final ganaron, salvados por dos golpes decisivos en las últimas entradas, pero esa victoria por los pelos ocultó un punto débil que no va a seguir oculto mucho más tiempo.
La próxima vez que la ofensiva se quede en blanco, puede que las cuentas en tercera base no salgan tan bien. Por ahora, los Yankees siguen eligiendo qué punto débil cargar, partido a partido, sin que haya ninguna opción en esa posición que oculte ambos.
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