NUEVA YORK — Los Yankees enviaron a Jasson Domínguez a la Triple A de Scranton/Wilkes-Barre tras el partido del lunes por la noche, poniendo fin a una estancia de 99 días en las Grandes Ligas marcada por las lesiones, los errores y la decepción. Esta decisión ha dejado libre una plaza en la plantilla para Heliot Ramos, el jardinero de esquina que habían fichado ese mismo día procedente de los San Francisco Giants.
Durante siete años, los Yankees trataron a Domínguez como si fuera intocable. Los ojeadores lo alababan, los directivos lo protegían en los plazos de traspasos y los aficionados le pusieron un apodo de superestrella: «El marciano».
El talento nunca fue el problema. Sus cualidades estaban entre las mejores del béisbol. Tenía un brazo de primera, una velocidad de lo más alta y el perfil del bateador titular de la cantera que los Yankees llevaban años buscando.
El problema era dónde encajaba. La organización cambiaba una y otra vez su posición y sus planes, mientras fichaba a veteranos por delante de él. Cada temporada traía consigo otra promesa de que acabaría encontrando un papel. Pero nunca fue así.
Sus seguidores destacaban su trayectoria, incluyendo un jonrón contra un futuro miembro del Salón de la Fama en su primer turno al bate en las Grandes Ligas. Los Yankees rechazaron las ofertas de traspaso, convencidos de que su gran salto estaba al caer.
En cambio, la plantilla se completó sin él. Los jardineros consolidados le impedían tener minutos de juego fijos, el puesto de bateador designado seguía ocupado y cada fichaje de la pretemporada hacía que el bateador ambidiestro bajara puestos en la jerarquía del equipo.
Esa incertidumbre acabó pasando factura a Domínguez. Lo que más duele es el momento en que ocurrió. Los Yankees se quedaron con Domínguez cuando otros equipos llamaron. Y luego lo bajaron de categoría.
Un jardinero central al que los Yankees dejaron de alinear en el centro del campo
Las razones de este descenso se remontan a un cambio de posición que nunca llegó a cuajar. Los Yankees formaron a Domínguez como jardinero central. Ahí es donde se suponía que su velocidad y su brazo iban a ser clave. En cambio, el club lo trasladó a las esquinas en las Grandes Ligas, donde el nivel defensivo es más alto y el margen de error, menor.
Las esquinas ya están ocupadas por otros. Aaron Judge es fijo en el jardín derecho. Cody Bellinger, que acaba de empezar un contrato de cinco años, ocupa el izquierdo. Trent Grisham se ha hecho cargo del centro. Esa alineación dejó a Domínguez sin una posición natural y sin un camino claro para tener turnos al bate todos los días.
Las estadísticas ponían de manifiesto la situación. Domínguez registró un -1 en «Outs Above Average» y un -5 en «batting runs» esta temporada, cifras que lo situaban por debajo de la media tanto en ataque como en defensa. Sus habilidades naturales de primer nivel nunca se tradujeron en un rendimiento constante, y a los Yankees se les acabó la paciencia.
El bate nunca estuvo a la altura de las expectativas
El rendimiento ofensivo fue decayendo a medida que avanzaba la temporada. Domínguez llegó al descenso con unos promedios de .230/.271/.383, con seis jonrones y 14 carreras impulsadas. Su OPS de .654 se situaba entre los más bajos de la plantilla para un jardinero titular.
Se vieron algunos indicios de mejora. Su porcentaje de strikeouts bajó del 26,8 % en 2025 al 21,2 % este año, lo que indica un enfoque más controlado. Pero ahí se quedaron las mejoras. Su porcentaje de bases por bolas cayó al 4,3 %. Su porcentaje de golpes fuertes bajó al 38,8 %. El contacto mejoró, pero la potencia se desvaneció.
Su velocidad y su brazo apenas se reflejaron en las estadísticas. Domínguez se situó en el percentil 95 en cuanto a potencia de lanzamiento y en el 85 en velocidad de sprint, pero solo robó siete bases y su defensa se calificó como negativa. La diferencia entre el informe de los ojeadores y los resultados marcó su paso por las Grandes Ligas.
Un error que te ha salido caro, y luego un ajuste de cuentas más amplio
Un error defensivo le dio a la noticia un titular fácil. El domingo, en su primer partido como profesional en el Wrigley Field, Domínguez falló al intentar atrapar una pelota que iba por la línea del campo derecho. La pelota rebotó en la valla y se le escapó, lo que permitió que entrara la carrera decisiva en la derrota por 4-2 ante los Chicago Cubs.
Domínguez no se escudó en lo desconocido del estadio. Al hablar tras el partido, asumió directamente la culpa y se negó a achacarlo a su falta de experiencia en el Wrigley.
«Ha sido una jugada complicada», dijo Domínguez. «Intentaba acercarme a la pared para parar la pelota, pero esta golpeó la pared y rebotó en la otra dirección. Desde luego, no ha sido lo ideal para nosotros».
El entrenador Aaron Boone intentó restarle importancia al momento, describiendo la esquina del Wrigley como un auténtico reto para cualquier jardinero que esté aprendiendo a dominar sus ángulos.
«Esto se parece un poco a Fenway, con esa barrera justo ahí», dijo Boone. «Es uno de los aspectos más complicados de este estadio. Es una de esas cosas para las que te preparas y de las que hablamos cuando hablamos de los factores del estadio y cosas así, pero es uno de esos rincones de este sitio que lo hace difícil en esa esquina».
De todos modos, Domínguez hizo caso omiso de la excusa, un momento que puso de manifiesto el orgullo que ha hecho que su temporada irregular resulte tan frustrante para la organización.
«Eso no es una excusa», dijo. «Tienes que ser capaz de hacer las jugadas bien, vayas donde vayas».
Ese error fue un síntoma, no la causa. El descenso se debió al panorama general: un promedio de bateo bajo, pocas bases por bolas y un problema defensivo que los Yankees nunca lograron resolver.
Llega Ramos, Jones se queda y Domínguez espera
Las cuentas de la plantilla resultaron decisivas al cierre del mercado. Al cambiar a dos promesas por Ramos, un jugador de 26 años con un OPS de 0,728, los Yankees incorporaron otro bateador de esquina a un campo exterior que ya estaba completo. Alguien tenía que irse. Ese alguien tenía un OPS de 0,654 y no tenía una posición fija.
Esta decisión también zanjó un debate interno. Spencer Jones, otro prometedor jardinero, se quedó en el primer equipo, mientras que Domínguez bajó a las categorías inferiores. Para una franquicia que durante tanto tiempo había considerado a ambos como su pareja de jardineros del futuro, quedarse con Jones en lugar de Domínguez se interpretó como un veredicto claro sobre quién ha tomado la delantera.
El contexto financiero hace que la caída sea aún más pronunciada. Domínguez se llevó casi la totalidad del fondo de bonificaciones internacionales de los Yankees para 2019, unos 5,1 millones de dólares, como la joya de la corona de esa promoción de fichajes. Siete años después, la franquicia sigue buscando un papel para él y un rendimiento constante, en lugar de recoger los frutos de la inversión.
La cronología habla por sí sola. Los Yankees enviaron por primera vez a Domínguez a las ligas menores el 20 de marzo, a pesar de su gran pretemporada. Tras volver al equipo, sufrir una lesión en el hombro y pasar por una prueba más larga, regresó a la Triple A 137 días después, justo donde empezó la temporada. Su última etapa duró 99 días y solo 53 partidos, una oportunidad interrumpida y que nunca llegó a aprovechar del todo.
Por ahora, Domínguez se va a Scranton con todo su potencial intacto y sin que se haya resuelto aún si encaja en las Grandes Ligas. Los Yankees lo mantuvieron en plantilla hasta el cierre del mercado de fichajes y luego lo enviaron a las ligas menores. La pregunta que le ha perseguido durante siete años sigue sin respuesta: ¿dónde juega exactamente?
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