CHICAGO — El marcador del Wrigley Field del viernes decía: New York Yankees 2-0 Chicago Cubs. Los titulares siguen centrándose en los dos jonrones solitarios y las 6 2/3 entradas sin encajar ningún punto de Will Warren.
Pero el momento decisivo de la tarde se vivió en el montículo, en una racha de relevos que no aparecerá en muchos resúmenes, pero que fue más importante que cualquier golpe en sí.
La ofensiva de los Yankees hizo lo justo, y por muy poco. Warren cedió cuatro hits, no concedió ninguna base por bolas y ponchó a siete con 88 lanzamientos. Se retiró con dos outs en la séptima,
Paul Blackburn tomó el relevo en el momento de mayor peligro, con el partido a punto de acabar sin que el lanzador inicial hubiera cedido ninguna carrera y los Yankees aferrándose a una ventaja que podía esfumarse con un solo lanzamiento. Lo que pasó a continuación fue lo que, sin hacer mucho ruido, les dio la victoria.
La remontada de Blackburn con cuatro hombres fuera
Cuando le tocaron salir a terminar la séptima entrada —con Will Warren ya fuera del partido y el tráfico cada vez más intenso—, el relevo consiguió cuatro outs sin permitir ningún hit, y la forma en que lo hizo fue lo más destacado.
Blackburn salió airoso del apuro de la séptima entrada y, al volver al montículo, eliminó a los tres bateadores de la octava por strikeout. Solo necesitó 19 lanzamientos para conseguir sus cuatro outs, y eliminó por strikeout a los tres bateadores a los que se enfrentó en la octava.
Su arma fue el cambio de velocidad. Los tres strikeouts de la octava entrada los consiguió con ese lanzamiento, un lanzamiento suave que dejó a los bateadores de Chicago lanzándose al aire en un partido sin goles. Fue una de esas raras apariciones de un relevo intermedio que decide el resultado de una tarde.
Esa jugada aseguró una blanqueada, algo a lo que el cuerpo de lanzadores de los Yankees ya se ha acostumbrado. Fue la undécima blanqueada de Nueva York esta temporada, la mayor cifra de la Liga Americana y la segunda de las Grandes Ligas, lo que demuestra que el equipo de lanzadores está llevando el peso del club.
Warren por fin consigue su cero
El comienzo marcó la pauta. Will Warren lanzó 6 2/3 entradas sin encajar ninguna carrera para los Yankees, cediendo cuatro hits y sumando siete strikeouts con 88 lanzamientos, y se llevó la victoria frente al zurdo de los Cubs, Shota Imanaga, que se llevó la derrota.
Fue un hito para el joven lanzador diestro. Este fue el primer partido de la carrera de Warren en el que lanzó al menos seis entradas sin permitir ninguna carrera, todo un avance para un lanzador que ha demostrado tener capacidad para ponchar a los bateadores, pero que ha tenido problemas para mantener la regularidad.
Warren le pasó el relevo a Blackburn con dos outs en la séptima entrada, y el bullpen se encargó del resto. David Bednar se hizo cargo de la novena entrada y se llevó el salvamento, poniendo el broche final a una tarde tensa con un final limpio y sin sobresaltos.
La eficacia fue notable en todos los aspectos. Los lanzadores de los Yankees solo necesitaron 118 lanzamientos para conseguir 27 outs, permitieron cuatro hits sueltos y no dejaron que los Cubs anotaran ni una sola carrera. Fue el tipo de actuación impecable y solidaria en la que el equipo de lanzadores se ha apoyado mientras la ofensiva busca encontrar su ritmo.
Los Cubs no son un rival fácil. Chicago empezaba el día entre los mejores equipos de la Liga Nacional, lo que hizo que la victoria por blanqueo de los Yankees a domicilio fuera aún más valiosa en una reñida lucha por los playoffs.
Un golpe de poder con dos outs disimula un fallo ya conocido
En ataque, la cosa fue un poco más complicada. Las dos carreras de los Yankees llegaron con dos outs gracias a dos jonrones solitarios, uno de Amed Rosario y otro del novato Spencer Jones, y eso fue todo lo que consiguieron.
El jonrón de Rosario tuvo un significado especial. Con él, los Yankees ya cuentan con un octavo jugador con 10 o más jonrones esta temporada, el mayor número de las Grandes Ligas. Jones también conectó su propio jonrón, una señal prometedora por parte de un joven bateador al que han tenido que poner a jugar todos los días.
Los resultados ocultaban un problema que ya nos resulta familiar. Nueva York solo consiguió cuatro hits y se quedó en 0 de 3 con corredores en posición de anotar, lo que prolonga una racha en la que la alineación ha tenido dificultades para encadenar jugadas.
Todo se decidió en la octava entrada. Jones y Austin Wells abrieron la octava con dos bases por bolas seguidas ante el bullpen de Chicago. Los tres siguientes bateadores de Nueva York no lograron avanzarles, y los dos corredores se quedaron en base.
La tendencia es clara. La potencia está ahí y los jonrones no dejan de llegar, pero el bateo en situaciones clave ha desaparecido. Hoy, dos jonrones en solitario y una blanqueada lo han compensado. Pero en muchos de los últimos partidos, eso no ha sido suficiente.
Una victoria que llega justo a tiempo, a pocas horas de que se cierre el plazo
El resultado dejó a los Yankees con un balance de 62-48 y los situó a 2 partidos y medio de los Rays en la División Este de la Liga Americana. Con el plazo para los traspasos fijado para el lunes, esta victoria sirvió para recordar tanto el potencial como las carencias de esta plantilla.
El pitcheo ha sido más que suficiente para estar en la lucha. La alineación, sin Aaron Judge, Giancarlo Stanton ni Cody Bellinger, sigue dependiendo de los jonrones porque no es capaz de generar mucho más.
Esa tensión es precisamente lo que la directiva debe valorar antes de que se acabe el plazo. Los Yankees necesitan bateadores que hagan algo más que sacar la pelota del campo, y los necesitan ya.
Sin embargo, durante una tarde, la fórmula funcionó. Una gran actuación del lanzador abridor, una revelación inesperada del relevista y dos jonrones solitarios bastaron para salir del Wrigley con una blanqueada. Los Yankees se lo quedarán, con todos sus defectos, y centrarán su atención en lo que pueda deparar el lunes.
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