TORREÓN, México — Ha vuelto ese swing que en su día le convirtió en el MVP de la Liga Mexicana, y con él, la confianza que lo acompaña.
Nick Torres vuelve a arrasar en la liga donde se hizo famoso. Desde que se reincorporó a los Algodoneros de Unión Laguna este verano, este jugador de 33 años parece el bateador que aterrorizó a los lanzadores al sur de la frontera durante años, y no aquel que se estancó discretamente en la Doble A del sistema de los Yankees.
El contraste es enorme. En la Liga Mexicana, Torres lleva mucho tiempo siendo una estrella. En la organización de los Yankees, su paso fue breve, discreto y terminó casi tan pronto como empezó.
Las cifras lo dicen todo. Con el Somerset, el equipo afiliado de los Yankees en la Doble A, Torres bateó .247 con dos jonrones y 11 carreras impulsadas en 40 partidos antes de que lo dejaran libre en julio. De vuelta en México, según él mismo cuenta, ha superado con creces un promedio de .400 y ha demostrado una potencia a la altura.
Un resurgimiento como ese normalmente sería una anécdota agradable, un veterano que vuelve a encontrar su nivel después de que una organización de las grandes ligas le diera la espalda. Pero Torres no se quedó ahí.
Convirtió su regreso en una crítica. Y como el bate vuelve a dar de sí, sus palabras cayeron con más fuerza de lo que suele ser habitual en una exclusión de la plantilla.
Lo que dijo Torres, y lo que reveló la respuesta, ha convertido la breve etapa de un jugador con la camiseta a rayas en un debate sobre cómo enseñan a batear los Yankees.
Torres pone en el punto de mira la forma en que los Yankees forman a los bateadores
Las declaraciones se hicieron en las redes sociales, donde Torres se sumó a un debate más amplio sobre el análisis de datos en el béisbol iniciado por el exjugador All-Star de la MLB Jeff Kent. Torres comparó su experiencia con los Yankees con sus años en México y trazó una línea muy clara entre ambas.
«El 2026 fue mi primer año de vuelta en una organización de la MLB desde 2018 y Jeff da en el clavo», escribió Torres. «Después de seis años jugando en la Liga Mexicana, que es de la vieja escuela, dura y en la que LO ÚNICO QUE IMPORTA ES GANAR, lo único que cuenta es marcar más carreras que el otro equipo».
La insinuación era clara. Según la versión de Torres, la Liga Mexicana se centraba en ganar y en generar carreras, mientras que él daba a entender que los Yankees se centraban en superar las estadísticas, enseñando a los jugadores a perseguir métricas individuales en lugar de fijarse en el marcador. También argumentó que el enfoque basado en las estadísticas no valora el hecho de llevar a un corredor de primera a tercera, esa pequeña jugada ganadora que él tanto valoraba.
Hay que hacer una salvedad. La versión del hilo de Torres que se ha difundido ampliamente resume algunas partes en lugar de conservar cada frase original, así que parte de su argumento llega a los lectores de forma indirecta. La idea principal, sin embargo, queda bastante clara. Él cree que los dos sistemas valoran cosas diferentes.
La réplica: la cantera de los Yankees destaca precisamente en lo que Torres elogiaba
Aquí viene la parte de la historia que complica la crítica, y sale directamente de los datos. Si la acusación es que los Yankees no enseñan a anotar carreras y a ganar, los resultados de sus ligas menores dicen justo lo contrario.
El día que Torres fue liberado, el 7 de julio, Somerset ocupaba el primer puesto de su liga en carreras anotadas, con una ventaja de unas 30 carreras, era primero en diferencia de carreras y se encontraba a 2,5 partidos del primer puesto. En las semanas siguientes, los Patriots han liderado toda la Double-A en jonrones y carreras impulsadas —estas últimas con más de 40 de ventaja sobre el siguiente equipo de su liga—, mientras que se sitúan entre los primeros en promedio de bateo, porcentaje de slugging y OPS.
La tendencia se mantiene. El equipo afiliado de los Yankees en la categoría Low-A de Tampa ha liderado su liga en promedio de bateo, slugging, OPS, carreras y carreras impulsadas, mientras se abre paso hacia los playoffs. El equipo de Triple A de Scranton/Wilkes-Barre se ha situado cómodamente entre el tercio superior de la Liga Internacional, compuesta por 20 equipos, en la mayoría de las categorías ofensivas. El sistema, según el sencillo criterio que mencionó Torres, marca muchos puntos y gana muchos partidos.
Esa es la tensión incómoda que hay en el centro de todo esto. La organización a la que Torres acusa de pasar por alto la producción de carreras cuenta con algunos de los equipos afiliados que más anotan en las ligas menores. Su criterio favorito, anotar más que el otro equipo, es precisamente algo en lo que destacan los equipos de la cantera de los Yankees.
Las propias estadísticas de Torres explican parte de la historia
El contexto de las críticas también cuenta. Torres llegó con una reputación impresionante, tras haber bateado .347 con 27 jonrones, 79 carreras impulsadas y un OPS de 1,155 con el Unión Laguna en 2025, lo que le valió el título de MVP de la Liga Mexicana. No había jugado en las ligas afiliadas de Estados Unidos desde 2018, cuando pasó por el sistema de los Texas Rangers después de que San Diego lo seleccionara en la cuarta ronda del draft de 2014.
En la Doble A, ese rendimiento no se repitió. Un jugador que había dominado una liga de veteranos durante seis temporadas registró un OPS inferior a 0,700 frente a lanzadores más jóvenes en un nuevo entorno, y los Yankees decidieron prescindir de él tras 40 partidos. Para un bateador orgulloso, pasar de ser MVP a que te echen en cuestión de meses es el tipo de golpe que puede avivar el resentimiento.
Nada de eso demuestra que Torres se equivoque respecto a su experiencia personal. Es muy posible que haya tenido algún encontronazo con alguien de la estructura de desarrollo de jugadores de los Yankees, o que considerara que la formación no se ajustaba a un jugador de 33 años con su trayectoria. Una mala experiencia personal es totalmente plausible, y tiene todo el derecho a contarla.
Lo que los datos no respaldan es esa afirmación más general. Describir a los Yankees como una organización indiferente a la hora de marcar goles y ganar choca con lo que sus filiales están haciendo realmente en todos los niveles del sistema esta temporada.
Por ahora, Torres ha vuelto al lugar donde se luce, impulsando carreras para el Union Laguna en la recta final de la Liga Mexicana, mientras que los Yankees siguen con su propia racha de septiembre en el Bronx. Su breve etapa con la camiseta a rayas ha terminado. La polémica que desató al marcharse es lo único que sigue dando que hablar.
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