NUEVA YORK — Los Yankees empezaron octubre con una promesa ya conocida y lo terminaron con otro problema ya conocido. Su éxito en la temporada regular no sirvió de mucho cuando su ataque se esfumó ante un rival de la División Este de la Liga Americana.
Tras barrer a Boston en la Serie de Comodines, en dos partidos en los que anotó 18 carreras, Nueva York sufrió una barrida de tres partidos a manos de Tampa Bay en la Serie Divisional de la Liga Americana. Los Yankees anotaron cinco veces contra los Rays y nunca llegaron a ir por delante en la serie.
Este contraste puso aún más de relieve las dudas que se ciernen sobre la franquicia tras su 17.ª temporada consecutiva sin ganar la Serie Mundial. Nueva York ganó 93 partidos, pero su eliminación volvió a poner en el punto de mira cómo se formó la plantilla, cómo se gestionó el equipo y quién tendría que dar la cara por el resultado.
Los Yankees han llegado una vez a la Serie Mundial durante las nueve temporadas de Aaron Boone como entrenador. Brian Cashman, por su parte, lleva al frente de la directiva desde 1998. Ambos ocupan puestos clave en un club cuyos resultados en octubre han quedado repetidamente por debajo de su rendimiento en la temporada regular.
Cuando los directivos de los Yankees hablaron con los periodistas el miércoles 21 de octubre, el propietario dejó muy claro que hay una diferencia entre los que se encargan de formar y gestionar la plantilla y los jugadores que salen al campo. Esto dejó en el aire una pregunta clave sobre quién es responsable de qué de cara a la temporada baja.
Steinbrenner atribuye la responsabilidad a la alineación
Hal Steinbrenner defendió tanto a Boone como a Cashman durante la rueda de prensa de fin de año de la organización por Zoom, argumentando que la responsabilidad principal de la eliminación recaía en la línea ofensiva, y no en el entrenador ni en el director general.
Steinbrenner elogió especialmente la gestión que hizo Boone de un cuerpo de lanzadores afectado por los cambios en la rotación y la sobrecarga del bullpen. Su valoración de los jugadores de campo fue mucho menos indulgente.
«La conclusión es que los jugadores no cumplieron con su parte del trato en los playoffs», dijo Steinbrenner.
El propietario volvió a hacer esa distinción al hablar de la irregularidad en la producción de carreras durante la temporada. Su valoración no supuso ninguna acusación sobre el esfuerzo o la preparación del equipo en el vestuario. Fue una crítica al rendimiento, sobre todo a la hora de batear.
«La mayor parte de la responsabilidad recae en los jugadores de campo y en (nuestra) incapacidad para anotar de forma constante», dijo Steinbrenner.
Los Yankees quedaron segundos en las Grandes Ligas con 223 jonrones durante la temporada regular, pero batearon .235 con un porcentaje de embasado de .311. Esas cifras tan dispares respaldan la preocupación de Steinbrenner por una ofensiva capaz de generar potencia, pero que no consigue poner a los corredores en base de forma constante.
Una serie históricamente floja pone de manifiesto la brecha
Los Yankees acabaron con 12 de 92 contra Tampa Bay, se fueron 31 veces al strikeout y registraron un promedio de bateo de 0,130, un porcentaje de embasado de 0,192 y un porcentaje de slugging de 0,239. Según la investigadora de béisbol Katie Sharp, el OPS resultante de 0,431 fue el más bajo de la franquicia en una serie de postemporada de varios partidos.
Eso le da una base concreta a las críticas de Steinbrenner. Pero también deja sin resolver una segunda cuestión: ¿quién debería responder por la composición de una alineación que lo hizo tan mal en los partidos más importantes?
Los Yankees llegaron a la postemporada con una plantilla repleta de veteranos y con dudas sobre la alineación que iban más allá de un solo jugador. Su fracaso frente a Tampa Bay no se puede achacar a una sola decisión tomada durante el partido, pero tampoco se puede separar del todo la composición de la plantilla del resultado final.
Cashman defendió la preparación del equipo cuando le preguntaron si su falta de regularidad se debía a un problema de plantilla o de ambiente en el vestuario. Dijo que los Yankees habían jugado de maravilla contra Boston antes de no poder repetir ese nivel en la serie divisional.
«Nuestros jugadores están preparados, tienen la mentalidad adecuada y se lo toman en serio», dijo Cashman.
Su respuesta puso el énfasis en la ejecución más que en una falta de compromiso profesional. La valoración de Steinbrenner, sin embargo, dejó claro que los bateadores del equipo serán objeto de un escrutinio especialmente minucioso este invierno.
La falta de responsabilidad va más allá de un solo mes de octubre
Si comparas los dos enfrentamientos de los Yankees en la postemporada, se nota bien lo mucho que ha cambiado la situación. Nueva York promedió nueve carreras por partido contra Boston y menos de dos contra Tampa Bay. Eso supone una caída de más de siete carreras por partido en rondas consecutivas de los playoffs, incluso teniendo en cuenta que las muestras son pequeñas y que los rivales en el montículo eran distintos.
El cambio fue decisivo porque el cuerpo de lanzadores de los Yankees dejó poco margen a una alineación que se quedó en blanco. Steinbrenner reconoció el mérito de Boone por haber sabido gestionar las lesiones y los problemas de carga de trabajo, pero no hubo ningún elogio público similar hacia el rendimiento de la ofensiva.
Aun así, los mandos de la franquicia siguen en sus puestos. Cashman ha dicho que su nuevo contrato está prácticamente cerrado, y que solo quedan por resolver algunos detalles menores. Boone va a volver para su décima temporada y está a punto de empezar el último año de su contrato actual.
Esa organización crea una división inusualmente evidente en la estructura de responsabilidades de los Yankees: continuidad para el director general y el entrenador, mientras que los posibles cambios se centran en la plantilla y en el departamento de bateo. Es una deducción a partir de las decisiones anunciadas, no una prueba de que los Yankees hayan cerrado ningún fichaje concreto.
Las próximas decisiones pondrán a prueba el mensaje del dueño
Steinbrenner dijo que los Yankees analizarían el ataque y la estrategia de bateo, pero que aún no se habían tomado decisiones sobre el cuerpo técnico. Por su parte, Boone dijo que se sentía cómodo dirigiendo en 2027 sin tener una renovación firmada.
Los Yankees también tienen que decidir cómo abordar una ofensiva que destacó en jonrones, pero que quedó entre las últimas posiciones de las Grandes Ligas en promedio de bateo y porcentaje de embasado. Esos cambios se llevarán a cabo con el mismo propietario, director general y entrenador que estaban al mando cuando llegó el momento de hacer balance en octubre.
Los comentarios de Steinbrenner dejaron claro dónde cree él que recae la mayor responsabilidad. La pretemporada revelará si esa valoración lleva principalmente a cambios entre los jugadores y el cuerpo técnico de bateo, o a una replanteamiento más amplio de cómo los Yankees arman su alineación para la postemporada.
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