NEW YORK — CC Sabathia never needed another reason to remember Fenway Park. The former Yankees ace spent years pitching beneath its imposing left-field wall, facing a Boston lineup and a crowd that could make even an ordinary summer game feel like October.
Para el zurdo de los Yankees, ese estadio fue el escenario de algunos de los momentos de mayor presión de sus 19 años de carrera en las Grandes Ligas. Sin embargo, los recuerdos que Sabathia se lleva de Boston nunca se han limitado a lo deportivo. Su relación con el estadio también ha dado lugar a preguntas sobre cómo se trata a los jugadores visitantes, tanto dentro como fuera del campo.
Esa distinción es importante porque Sabathia no es de los que han restado importancia a la rivalidad entre los Yankees y los Red Sox. En una entrevista concedida en junio de 2026 al Boston Globe, recordó lo dura que fue su primera temporada en Nueva York y dijo que disfrutaba de la rivalidad cuando ambos equipos eran fuertes.
Ahora que ya forma parte del Salón de la Fama, Sabathia sigue siendo una voz sin pelos en la lengua sobre el deporte que practicó. Sus últimos comentarios sobre Boston llaman la atención sobre una faceta menos visible de un lugar emblemático que celebran generaciones de aficionados al béisbol: las condiciones a las que se enfrentan los jugadores rivales que tienen que jugar allí.
Esta vez, su queja no tenía que ver con una decisión arbitral errónea, un bateador hostil o una derrota dolorosa. Se trataba del propio estadio.
Sabathia centra la atención en las instalaciones para visitantes de Fenway
Durante su intervención en el podcast «Section 10», Sabathia criticó lo pequeño que es el vestuario del estadio y dijo que el agua es un problema en las instalaciones. Sus palabras fueron, sin lugar a dudas, muy duras.
«Fenway. Joder, odio Fenway. Ese sitio es horrible. Parece que hay agua por todas partes. El vestuario es minúsculo. Ese sitio es horrible», dijo Sabathia.
Estos comentarios sacan a relucir un problema que lleva tiempo afectando al vestuario. En un reportaje de 2019, un periodista de béisbol que visitó el estadio describió las instalaciones para el equipo visitante en Fenway como un lugar con techos bajos, abarrotado y con columnas de soporte que estorban. Estas quejas son anteriores a la última intervención de Sabathia y no son exclusivas de los Yankees.
Fenway abrió sus puertas en 1912 y se ha renovado varias veces, aunque conservando gran parte de su diseño original. Un estudio elaborado por la Sociedad para la Investigación del Béisbol Estadounidense describe los retos que supone conciliar el carácter histórico del estadio con las exigencias del béisbol moderno.
Esa es una cuestión distinta a si el ambiente de Fenway lo convierte en un lugar especial para jugar. Una tiene que ver con la historia del béisbol y con los espectadores que llenan las gradas. La otra tiene que ver con el lugar de trabajo que utilizan los deportistas visitantes y su equipo de apoyo.
La historia que hay detrás de una incomodidad más personal
Las últimas declaraciones de Sabathia también esconden una historia mucho más grave que un vestuario estrecho. En mayo de 2017, después de que el jardinero de los Orioles, Adam Jones, denunciara insultos racistas en Fenway, Sabathia habló públicamente sobre los insultos racistas que, según él, había sufrido en Boston al principio de su carrera.
Sabathia dijo que no había recibido el mismo trato durante sus años en los Yankees porque el club se encargaba de la seguridad en zonas como el bullpen. Describió esas medidas de seguridad al hablar de la experiencia de Jones, diferenciando las condiciones a las que se enfrentó en Cleveland de las que vivió durante su etapa en Nueva York.
Los Red Sox se disculparon con Jones tras ese incidente, y los responsables del equipo hablaron sobre medidas de seguridad adicionales. Sabathia no hizo ninguna nueva denuncia de insultos racistas en sus últimos comentarios del podcast. No obstante, sus declaraciones anteriores explican por qué sus recuerdos de ese estadio van mucho más allá de las emociones habituales de una rivalidad divisional.
Para los Yankees, esos comentarios anteriores también ponen de relieve algo que rara vez se ve en una retransmisión televisiva: la seguridad, los preparativos del viaje y las condiciones del vestuario marcan la experiencia de un jugador en un estadio visitante mucho antes del primer lanzamiento.
Por qué a Sabathia le puede encantar la rivalidad y, al mismo tiempo, criticar el estadio
La postura de Sabathia no es tan contradictoria como parece a primera vista. Ha descrito la intensidad de una salida de los Yankees en Boston como un reto profesional decisivo, aunque al mismo tiempo ha dejado claro que no le gustaban algunos aspectos de la experiencia que la rodeaba.
En la entrevista que concedió en junio al Boston Globe, Sabathia recordó haber oído en la radio de un taxi que su primera salida como titular en el Fenway Park con los Yankees, en 2009, se estaba presentando como la más importante de su carrera. Ese recuerdo tenía que ver más con la importancia del momento que con ningún deseo de evitarlo.
Esa distinción es la mejor forma de medir el último ataque de la leyenda de los Yankees. El exlanzador zurdo de los Yankees puede valorar la competición, reconocer el papel que tiene el estadio en el béisbol y, aun así, argumentar que sus instalaciones no están a la altura de lo que los jugadores de las Grandes Ligas que vienen de visita deberían esperar.
Los Yankees y los Red Sox han forjado su historia a base de partidos emocionantes y una lealtad feroz por parte de la afición. El relato de Sabathia aborda el lado más íntimo de esos encuentros, en los que la reputación del estadio no sirve de mucho consuelo para quienes se preparan para competir.
Sus recientes comentarios en el podcast no han cambiado el estatus histórico de Fenway. Han reavivado una pregunta que siempre surge con cada renovación: ¿cuántas molestias deben aguantar los jugadores visitantes en nombre de preservar la tradición del béisbol?
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