¿Cuál fue el partido más descuidado de la historia de los Yankees?

Yankees legends Lou Gehrig and Babe Ruth meet female phenom Jackie Mitchell, who struck out both superstars in Chattanooga, Tennessee, on April 4, 1931.

Ocurrió precisamente hace 93 años. Aquel fatídico día del 18 de mayo de 1931, los Yankees protagonizaron un choque épico contra los Tigres en el corazón de Detroit. Desde el principio, los Bombarderos del Bronx mostraron su poderío, anotando una solitaria carrera en la primera entrada antes de desatar un torrente de cinco más en la tercera, dominando la contienda desde el principio.

Aunque los Tigres opusieron una débil resistencia, consiguiendo un par de carreras en la mitad inicial del tercer tercio, sus esfuerzos resultaron inútiles ante la implacable embestida de los Yankees. El monstruo a rayas clavó los últimos clavos en el ataúd de Detroit con un fulminante aluvión de 13 carreras en la octava y la novena parte, cimentando un rotundo triunfo por 20-8.

Sin embargo, bajo el abultado marcador se esconde un matiz intrigante: cada una de las ocho carreras cedidas por los Yankees no fue merecida. Ed Wells, el lanzador de los Yankees, a pesar de cargar con un abultado ERA de 6,30, dio una clase magistral de partido completo, en el que cedió 12 hits y, paradójicamente, redujo su ERA a un esbelto 3,32.

El equipo de los Yankees de Nueva York de 1931

Aunque dos fallos defensivos se manifestaron como errores, por sí solos no pueden explicar la totalidad de la recompensa no merecida de los Tigres, ya que sus hazañas anotadoras se extendieron a lo largo de cuatro entradas distintas. Aunque las pruebas de archivo guardan silencio sobre posibles balones pasados u otros catalizadores, la carga de la responsabilidad de esta anomalía estadística recae directamente sobre los hombros de una enigmática figura.

El maestro del error de los Yankees Lyn Lary

El triunfo de los Yankees sobre los Tigres se vio empañado por una debacle defensiva que puso de manifiesto las debilidades de un tal Lyn Lary. El campocorto, destinado a acumular la asombrosa cifra de 35 errores en el transcurso de los 155 partidos en los que ocupó la posición de pivote aquella temporada, ya había cometido la alarmante cifra de nueve errores en aquel momento.

Lyn Lary, jugador de los New York Yankees, en 1931.

Aunque el porcentaje de fildeo es una métrica imperfecta, la antiestética marca de .946 de Lary esa campaña fue un valor atípico, una cifra tan baja que, incluso en la era moderna de 2016, ni un solo parador en corto que jugara muchas entradas podría igualar un nivel tan decepcionante.

Sin embargo, en un giro irónico, los propios Tigres fueron igualmente culpables del desorden defensivo que se produjo aquel día en el diamante. Los Yankees, tan oportunistas como siempre, se aprovecharon de los cinco errores cometidos por los desventurados nueve de Detroit, y se dieron un festín de ocho carreras no merecidas servidas por un auténtico bufé de jugadas malogradas.

En un verdadero esfuerzo colectivo de ineptitud, los problemas defensivos de los Tigres se extendieron a todo el campo, con los tres jardineros y los dos jugadores del medio campo contribuyendo a la extravagancia cargada de errores que finalmente selló su destino en ese desigual asunto.

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